Alberto Fernández, Venezuela, el kirchnerismo y un retroceso transitorio o permanente

 

El voto del Gobierno argentino en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU avalando el informe elaborado por la comisionada Michele Bachelet respecto a la situación en Venezuela, donde denuncia detenciones arbitrarias con torturas y desapariciones, no debería sorprender. Es que, más allá de  que la composición del  Frente de Todos incluye al kirchnerismo,  históricamente aliado de Chávez y Maduro; el actual Presidente de Argentina siempre ha sido muy claro respecto a su posicionamiento con Venezuela.

Por otro lado, no fue una casualidad la designación de Felipe Solá en la Cancillería, nadie mejor que él para encabezar una política internacional servil a los países y grupos económicos más poderosos del mundo, y quien hace rato ha dado muestra de su ideología en aquella (para muchos olvidada) alianza con Mauricio Macri y De Narváez en 2013.

Que esté en escena Cristina Kirchner, no significa que se haya vuelto al escenario de centro izquierda que supo mostrar América hace una década, muy por el contrario, es la derecha la que ganó terreno en los últimos años en el continente, y si bien en nuestro país se derrotó a un gobierno de ultra derecha, se le dio lugar a un peronismo de centro, en el que, aun cuando la mayoría de los votos provenga del ala de izquierda peronista, en los lugares claves son los conservadores los que toman la posta.

La euforia de la victoria en diciembre del año pasado y algunas decisiones de Alberto Fernández, que lo alejaban mucho de su antecesor Mauricio Macri, confundió a un sector del electorado que vio en el mandatario a un nuevo Néstor, la continuidad de Cristina o hasta el Che Fernández…

Muy lejos de eso, las medidas acertadas que tomo de movida el presidente son las que cualquier estadista de un Movimiento Popular, y más en Argentina, tomaría. Distribuyó recursos a los sectores más castigados por la crisis que causó Macri y luego con la pandemia eligió bien y priorizó la salud a la economía.

Pero cuando hay que ir un poco más allá para avanzar a fondo y no quedar solo en meros parches, y tocar intereses para generar un cambio radical en los sectores vulnerables, es donde salta la ficha del Fernández opositor a los dos mandatos de Cristina, el pro Clarín, el anti Venezuela, el que acompañó a Randazzo y Massa.

En estos días muchos descubrieron la tibieza, algo llamativo porque la misma ya la había demostrado cuando se echó para atrás con la expropiación de Vicentin( que en este momento hubiera venido como anillo al dedo), con la falta de energía para enfrentar los desafíos que le propuso Larreta durante toda la cuarentena, con su convocatoria a los grandes responsables de la fuga de divisas del país en el aniversario patrio, los acuerdos con China a costa de de grandes riesgos ambientales, y yendo a estos días; con la baja de retenciones.

Pese a todo esto, Alberto sigue siendo una gran jugada de Cristina para ganar las elecciones. La misma CFK sabía que él vino a eso y aun, cuando no esté de acuerdo en muchas cuestiones, sabe que por ahora es lo que hay y se debe mantener. Sin embargo, debe saber que hay que construir una fuerza que pueda equilibrar a esa derecha peronista que ganó tanto terreno de la mano de Massa, Solá, Cafiero, Beliz, Pérsico, Navarro, y que tiene como marioneta (a cambio de recursos) a los Grabois, Menéndez y otros dirigentes sociales que hablan por izquierda y juegan por la diestra.

Sino se empieza a gestar un espacio progresista, de centro izquierda que pueda, desde adentro y afuera, condicionar al Gobierno sin dejar de acompañar, el remedio al neoliberalismo puede llegar a terminar siendo, a largo plazo, lo mismo que la enfermedad.