Cambios que no se reflejan en la dirigencia política

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Se acercan las elecciones y las estructuras políticas, algunos aburridos con plata y otros dirigentes que sienten que es el momento de dar el gran salto; se preparan para ser sometidos a la voluntad popular en septiembre y noviembre.

Los años pasan y los nombres, con algunos que asoman y otros que se corren ( pocos); son casi los mismos que en los últimos 20 años. Llama la atención, tomando en cuenta los significativos cambios culturales que dejó el kirchnerismo durante doce años, que esas modificaciones no se vean plasmado en las formas de conducción de las dirigencias políticas.

A priori, una explicación sencilla podría ser que los que más identificados se vieron con Néstor y Cristina es la generación que va desde los 20 a los 40 años, y ese grupo suele ser el que ocupa los espacios denominados como militantes de base, o en algunos casos con referencias territoriales que no logran trascender muchos kilómetros, por lo que su nivel de influencia  es muy limitado.

Es así que llegamos al 2021 y las organizaciones políticas vuelven al mismo libreto de siempre:

Recurrir a  referentes barriales a los que, través del Estado, les tercerizan mercadería para combatir la pobreza en comedores y merenderos y como condición se le pide que los acompañe en la aventura electoral.

Se sigue creyendo que el llevar gente a una movilización, o como sucede en estos tiempos, mostrar cantidad en las redes sociales es equivalente a conseguir votos. Quizás haya casos en los que un poco puede trasladarse, pero los hechos demuestran que en la mayoría de los ejemplos administrar más merenderos o comedores no te garantiza nada, porque aún cuando hay necesidad, la gente que no hace política ve con malos ojos ese tipo de prácticas y rechaza, cada vez con más fuerza, frases como “le damos de comer a la gente” y la utilización del recurso y las personas.

A la hora del discurso se recurre a la épica militante, a esa tradición que nunca muere y vuelve para tapar cualquier idea nueva que busque despertar otros sentidos y visiones críticas. Y para peor, en tiempos de crisis se recurre al lugar del militante iluminado y paternalista, cuándo justamente una de las consignas fundamentales de Cristina fue el empoderamiento del ciudadano y algunas de  sus palabras más recordadas es “ a los barrios hay que ir a organizar”.

En fin, más allá de alguna expectativa que se pueda tener por algún politic@ que pueda modificar su accionar en la recta final, no se vislumbra una alternativa diferente que a corto plazo pueda cambiar la ecuación.

 

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