El confort de la militancia

 

 

Los mayores progresos en la humanidad se han dado luego de un estadío de crisis en el que, cansados de soportar injusticias, un sector social reacciona, rompe las cadenas y  dejan de lado el sobrevivir por intentar vivir. Pero ahí, en esa situación aparecen dos flancos de batalla: el  obvio, que es el exterior, o sea el sistema capitalista reinante y sus instituciones. Y el otro, el más complejo, que es el interno.

Se habla de  la lucha contra lo establecido, aquello que desde niño se incorpora como incuestionable, inmodificable. Se crece y se ven determinadas costumbres, ideas, normas, pautas como inmutable. Y claro, y vamos al grano de la nota,  esto sucede también en la militancia política. Los jóvenes se suman a un determinado espacio que aporta a esa idea establecida como vaca sagrada, y los nuevos militantes se mueven dentro de ese espacio de ideas para pertenecer, y más guiado en lo emocional que racional,  se quedan en ese confort lleno de símbolos, mitos y tradiciones que no proponen novedades, sino que reciclan continuamente y desde ese lugar se plantan en las diversas disputas.

Es fundamental empezar a cuestionar lo cotidiano, el día a día, eso que a través de la ideología  y que se ha constituido como la hegemonía cultural dominante, se acepta  como normal o lógico, dejando de lado hurgar, buscar, re pensar, discutir e inventar.

 “Criticar la vida cotidiana es hurgar en la profundidad de los obvio, de lo incuestionable, consiste en establecer una ruptura ante los mitos que se han ido estableciendo de sociedad en sociedad, se trata de poder situar al hombre en un aquí y ahora de acuerdo con cada realidad vivida, sin dejar de tener en cuenta la ya transitada”.  

 Este último párrafo es fundamental y hay dos palabras claves: Mitos y transitado. Es necesario  buscar en esa cotidianidad el porqué de los mitos, desnudarlos, examinarlos y discutirlos. Los mitos pueden servir para entender la historia y reivindicarla, pero ojo, que también funcionan para generar quietud, actitudes y consignas conservadoras. Por eso aquí aparece la otra palabra clave: transitado. Uno de los argumentos que intentan derribar cualquier idea innovadora que se proponga ser superadora de lo establecido, es que, según ellos, ya está todo hecho y que determinado movimiento, Líder, Partido, doctrina o manifiesto, lo dice todo. Vendría a ser un “no importa cuando leas esto, Perón, Marx, Lenin o el Papa tienen razón (elegí el que más te guste). Y ahí, hay mucho de romanticismo, pero no tanto de reflexión. Con esto no se quiere decir que quienes siguen el camino de lo cotidiano sin cuestionar el pasado no piensan, claro que la hacen, y hay muchos que eligen quedarse en ese estadío luego de haber desocultado verdades, y eso es respetable, pero también conservador.

Cualquiera de los nombres  mencionados son enormes hombres, que por algo se han ganado su lugar en la historia. ¿Pero alcanza con lo que fueron? ¿Solo hay que resignarse a seguir algo?

Para encontrar la respuesta  hay que salir del confort de la militancia e ir más allá, aun cuando sean pocos, aun cuando esas ideas sean minoritarias. Las grandes luchas crecen desde el pie.

Por Hugo Mitetiero