El FMI, la entrega y la resistencia

…No aspiro a una solución mágica, sólo a una solución racional. Para algunos, señalar y proponer corregir los errores y abusos del FMI que nunca perjudican al Organismo y su burocracia, es una irresponsabilidad. Para mí lo irracional e inhumano, es no hacerlo…”

Con esta, y otras frases, el Diputado de la nación Máximo Kirchner, renunció a la presidencia del bloque del Frente de Todos y fijó su postura personal en rechazo al acuerdo alcanzado entre el Gobierno nacional y el Fondo Monetario Internacional.

La carta redactada por el hijo de la Vicepresidenta Cristina Fernández sorprendió a propios y extraños. Mientras distintos funcionario, periodistas oficialistas y dirigentes de primera línea, hacían malabares para convencer al pueblo de las benevolencias alcanzadas en las negociaciones con el Directorio del organismo internacional, Máximo pateó el tablero y en un acto “nestoriano” descolocó a la RealPolitik.

En nombre de la “disciplina partidaria” se generó un clima de malestar con aquellos dirigentes o militantes políticos que, cuestionaron las bases del arreglo inmediatamente que se dio a conocer, aun cuando sus argumentos están ampliamente fundados técnicamente y en los hechos históricos recientes en el mundo.

En contraposición, varios gobernadores salieron a festejarlo como un triunfo y los enemigos históricos del campo popular manifestaron su satisfacción. Es que los grandes empresarios siempre van a estar a favor del ajuste, y una de las condiciones para el acuerdo es un tarifazo energético, (aunque el Presidente use eufemismos para negarlo). También habrá un recorte del gasto público con control presupuestario, un achicamiento de la brecha cambiaria (una devaluación del alrededor del 30%), revisiones trimestrales de la comitiva de 100 funcionarios del FMI que vendrán a supervisar los distintos organismos públicos del país, que definirán si le dan más desembolsos en dólares según el comportamiento de Argentina.

Para acallar las voces contrarias al acuerdo se aseguró en distintos medios de comunicación que lo hecho era la única alternativa posible, lo cual es una falacia. En primer lugar, porque nunca hubo una postura dura por parte del Ministro de Economía, Martin Guzmán, más bien su posición siempre fue condescendiente, por lo cual, si el negociador hubiera sido otro, o tal vez hubiera tenido otras directivas, se hubiera obtenido resultados menos ofensivos para el paìs.

Pero del momento en que la voz de la ex Presidenta y de su hijo, no fue escuchada, quedó claro que nunca hubo intenciones de enfrentar la mafia del Fondo ni discutir condiciones dignas. También cabía la posibilidad, antes de hacer cualquier acuerdo o pagar un vencimiento, que se solicite a la Asamblea General de las Naciones Unidas que le pida a la Corte Internacional de Justicia una Opinión Consultiva, en la que se expidan sobre la forma discrecional y arbitraria en la que se celebró el acuerdo y establezca las responsabilidades pertinentes y la posibilidad de una reparación por los daños ocasionados. Era una oportunidad para obtener mejores condiciones en la negociación.

Todo parece indicar que el acuerdo será aprobado por ambas cámaras, tal vez con algunas modificaciones que se puedan lograr gracias al efecto de la renuncia de Kirchner. Resta ver si otros diputados y senadores se contagian del espíritu rebelde, o siguen sumisos. De ellos y de la posterior respuesta del FMI, dependerá  de que tan significativos sean  los cambios que se puedan hacer,  aun que claro que luego de los hechos recientes del Presidente Alberto Fernández y su Ministro preferido Martin Guzmán, queda claro que no será posible convencer al Directorio del Organismo Internacional de un cambio muy importante.

En términos políticos, mas allá de que institucionalmente el FDT no se rompa, porque así lo aseguran desde el entorno del líder de La Campora, la grieta ya es demasiado grande por dentro y está a la vista que hay dos sectores con intereses irreconciliables de cara al 2023, y que el mejor escenario posible en el futuro es que estas diferencias se puedan dirimir en una interna.

En los próximos dos años el ala conservadora del FDT será quien gobierne, y el kirchnerismo se replegará hasta que llegue el momento de instalar los candidatos y candidatas para la contienda electoral. En ese tiempo, deberán tener la inteligencia de no dinamitar del todo la coalición gobernante para llegar en “unidad” a enfrentar a Juntos por el Cambio.

Por último, es importante destacar que, en una dirigencia política tan chata, reciclada y que vive de recitar viejos relatos para contener a los emergentes, haya habido voces que se animaron a ser críticos desde la primera hora, como por ejemplo la ex embajadora de Reino Unido Alicia Castro, quien con una gran claridad habló de entrega de la soberanía y propuso alternativas concretas para evitar caer en las garras del FMI.

También es justo destacar a Kirchner, que trajo de vuelta la discusión interna, que puso límites al tan alabado “pragmatismo” y, sobre todo, que haya dejado bien definido los diferentes lados de la cancha:  de uno los que quieren acordar con los poderes económicos a costa de entregar el país, y del otro, quienes ponen en primer lugar a la gente.