Felipe Solá nos lleva a convertirnos en fabrica de pandemias al servicio de China

 

La Republica Argentina avanza en un acuerdo estratégico  con China. Se trata de un gran negocio para las grandes empresas  y uno muy malo para todos los habitantes de Argentina. El Ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Felipe Solá, y el ministro de Comercio de la República Popular China, ZhongShan, anunciaron con alegría el progreso en las negociaciones para  “producir 9 millones de toneladas de carne porcina de alta calidad”, lo que “le daría a China absoluta seguridad de abastecimiento durante muchos años”.

Nueve  millones de toneladas de carne representarían 14 veces el total de lo producido por el país en todo el 2019. Los criaderos industriales de animales ilustran un modelo agroindustrial cruel e insustentable que, no sólo genera focos de contaminación en el plano local y regional, sino también se convierten en incubadoras de nuevos virus altamente contagiosos y, por ende, en fábricas de nuevas pandemias.

Para entender mejor como se llega a esta situación es importante irnos casi 25 años atrás. En 1996 Felipe Sola, quien estaba a cargo de la  Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca,   habilitó el modelo ecocida del agronegocio en la Argentina, y la entrega del Mar Argentino al extractivismo depredador. El negocio de la soja que ahora ocupa el 60 por ciento de la tierra cultivada del país, que empuja el desmonte en las provincias del norte volviéndonos uno de los 10 países con más deforestación del mundo, y que luego es exportada a países como China para alimentar animales como los cerdos.

Hoy, nuevamente en la función publica y a sus 70 años recién cumplidos, sigue empeñado en hacer hacer explotar todo. En solo medio año de gestión y en plena cuarentena, autorizó importar 32 millones de litros/kilos de insumos para la producción de agrotóxicos inmunosupresores, con el único objetivo de beneficiar a las corporaciones del agronegocio y asegurarles las ventas de formulados comerciales para que continuen durante el aislamiento social obligatorio las fumigaciones, las cuales a su vez, fueron declaradas actividad esencial.

Pero volviendo al acuerdo con China, es inaceptable que en un Gobierno Popular y en medio de una Pandemia mundial, que es causada justamente por la profundización de este tipo de politicas agroindustriales, se lleve adelante semejante atropello y ataque al ambiente. No lo justifican ni la gran cantidad de divisas que pueden entrar, ni la crisis económica. Està probado que hay una alternativa a este modelo y es a través de un paradigma productivo, sano y agroecológico, y que además permite generar otro tipo de economía llegando a diversos sectores de la economía popular y solidaria que siguen siendo marginados.

Este convenio con China nos coloca aún más lejos de la deseada Soberanía Alimentaria. Nuestras tierras ahora no solo estarán ocupadas por los granos transgénicos que se exportan para alimentar animales, sino también por los galpones que encierran a esos animales, que luego terminan exportándose, mientras la producción alimentaria local, de economías regionales y producción de alimentos sanos, sigue marginalizándose. Estas granjas impulsarían además una mayor demanda de soja, exacerbando un modelo agroindustrial con elevadas consecuencias sociosanitarias y ambientales.

En los criaderos industriales, los animales son sometidos a aplicaciones de una cantidad de antibióticos y antivirales para prevenir las enfermedades y engordarlos rápidamente. Por ende, estos centros industriales se convierten en un caldo de cultivo de virus y bacterias resistentes. Una vez que un microorganismo muta, se fortalece y puede provocar nuevas infecciones con daños incalculables. Como consecuencia, hay que tomar medidas como el confinamiento de una gran parte de la población mundial o la matanza de miles de millones de animales.

Dos años atrás China sufrió un fuerte brote de Peste Porcina Africana (PPA). Este virus -G4 EA H1N1-, altamente contagioso, afecta a los cerdos alterando de muchas formas su vitalidad. Para evitar su propagación en ese país, se estima que se habrían sacrificado aproximadamente entre 180 y 250 millones de cerdos (de modos sumamente crueles como quemarlos o enterrarlos vivos), lo que disminuyó la producción entre un 20% y 50 %.

Hace poco tiempo, la revista científica PNAS publicó sobre el potencial pandémico actual de la gripe Porcina, y su peligrosidad fue advertida también por la Organización Mundial de la Salud: el G4 EA H1N1 podría mutar y resultar infeccioso para los humanos.

La actual pandemia por Covid-19 que tiene en vilo a toda la humanidad está estrechamente vinculada a cuestiones socioambientales y productivas, que están invisibilizadas. Al igual que ocurrió con el ébola, la gripe aviar y la porcina, el SARS y otras zoonosis, se trata de un virus que emergió por alguna de estas causas: hacinar animales para su cría industrial y/o su venta, y desintegrar ecosistemas acercando a las especies entre sí.

Por eso resulta fundamental avanzar en un pacto ecosocial y económico, a través del aprovechamiento del enorme territorio nacional, realizando una mejor y más justa redistribución de la tierra, de la riqueza, de los medios de producción y la comercialización, de la mano de un modelo sano, agroecológico, solidario y soberano.  Parece increible que se haya pasado de proponer expropiar Vicentin a esto. La derecha sigue ganando terreno mientras los sectores progresistas  o del campo popular lo miran silenciosos.

Cuando se prometió en campaña volver mejores, para un gran sector de la población no incluía este tipo de acuerdos que van en contra de los nuevos paradigmas que necesitamos en la “nueva normalidad”, por el contrario, se esperaba estar acorde a las demandas ambientalistas que durante tanto tiempo fueron invisibilizadas, y hoy ante la consecuencia de tal desatención, empiezan a ser miradas de reojo. Y cuando se prometió volver mejores tampoco se esperaba que uno de los responsables de los asesinatos de Kostecki y Santillan, siga exacerbando un modelo agroindustrial con elevadas consecuencias sociosanitarias y ambientales.

Por ultimo, cuando se prometió volver mejores se esperaba  una dirigencia política que no haga silencio ante este tipo de atropellos, por el contrario, volver mejores suponía una militancia activa que acompañe pero que ponga freno en cuanto la coalición se incline hacia la derecha.