Que un mural no tape la desidia

El ejercicio violento del poder de turno, sigue siendo moneda corriente en el territorio morenense.

Desde la Mesa Local Intersectorial de Género, que no es ni plural ni intersectorial, se tomó la decisión de realizar un mural en el marco del 3 de junio. Por supuesto que siempre son bienvenidas las propuestas en pos de visibilizar que la violencia machista nos sigue matando, pero debemos preguntarnos si la formas son respetuosas de los recorridos y de la historia.

Y más aún, cabe preguntarnos, si las formas fueron respetuosas de los y las muralistas que plasmaron su arte en las paredes del puente de la Ruta 23 y la Autopista del Oeste, que de un día para el otro y sin previo aviso, fueron tapados.

Este modus operandi no es novedad, ya que el año pasado en el Museo de Bellas Artes “desapareció” abruptamente el hermoso mural pintado por una gran muralista y tallerista de la Subsecretaría de cultura, para reemplazarlo por otro de Manuel Belgrano.

Pero más allá de estas acciones desagradables y violentas, es válido preguntarse si frente a la falta de políticas publicas territoriales que aborden de manera integral la violencia de género; si frente a la falta de dialogo con las colectivas feministas y la decisión de omitir sus voces; realizar un mural es una política pública acorde a la terrible situación que venimos atravesando en materia de violencias.

Sin deslegitimar la valiosa propuesta de visibilizar la violencia machista, nos preguntamos, si en el marco de encontrarnos en emergencia en materia de violencia, si sabiendo que todavía y luego de 10 femicidios, las mujeres, trans, travestis, lesbianas, bisexuales, intersex, no binaries, mujeres con diversidad funcional e hijes seguimos en peligro, aún así, ¿ un mural es suficiente?

Un mural decidido entre pocas, no va a tapar la ausencia y desidia estatal, un mural no va a tapar que hay un ejecutivo local que coarta libertades, participación política y social. Un mural no va a tapar que recién se convocó a una Mesa luego del reclamo de las colectivas feministas, y que esa convocatoria fue sectaria. Un mural no va a tapar que se negó y sigue negando la palabra en el espacio público. Un mural no va tapar la violencia patriarca ejercida porque quienes deben erradicarla.

Por Anahí Sanchetta