Thomas Sankara, el Che Guevara africano que impulsó la revoluciòn ambiental y feminista hace mas de 30 años

 

El 15 de octubre se cumplieron 33 años del asesinato de Thomas Sankara , considerado el padre de la Revolución en Burkina Faso. Sankara presidió su país, desde 1983 hasta 1987, mediante un golpe de estado realizado a través de un  movimiento revolucionario que recibió un gran  apoyo popular.  De formación militar y marxista,  promovió un programa de cambio social y económico sin precedentes en el continente africano. Reconocido internacionalmente como el «Che Guevara africano», fue un adelantado en muchísimos aspectos en materia política, ambiente y  derechos humanos.

 “si queréis incluirnos dentro de una posición ideológica, podéis considerarnos elementos patrióticos (…) ¿Cómo es posible declararse comunista o marxista cuando el pueblo se muere de hambre? ¿Pero, porque darle la espalda al marxismo si nos permite resolver problemas concretos?” “Nosotros somos lo que somos, es decir, un régimen que se consagra en cuerpo y alma al bienestar de su pueblo. Podéis llamar a esto como queráis, pero sabed que no necesitamos etiquetas. La nuestra es una revolución autentica, diferente de los esquemas clásicos.” T Sankara

Entre tantas cosas buenas que hizo en tan corto tiempo la revolución de Burkina Faso, hay dos que sobresalen por la vigencia que esas luchas han tomado hoy, y que en ese momento no tenían ni de cerca el mismo relieve: el ecologismo y el feminismo.

Feminismo

Desde el primer día la revolución bukinabé tuvo presentes a las mujeres.  Como el propio Sankara señaló en su Discurso de orientación política del 2 de octubre de 1983 -apenas dos meses después de la toma del gobierno- “hablar de la emancipación de la mujer no es un acto de caridad o un arranque de humanismo. Es un requisito fundamental para el triunfo de la revolución. Las mujeres sostienen la otra mitad del cielo”.

En 1984, tan solo unos meses después de la revolución, ya había tres ministras en el gabinete de Sankara, pero más allá de los cargos, la revolución impulsó una serie de leyes y transformaciones estructurales que apuntaron directamente a la emancipación de la mujer. Con Josephine Ouedraogo a la cabeza, se prohibió la mutilación genital femenina -práctica tradicional en gran parte de África- que abarcaba, en 1980, al 70% de las mujeres. Se realizaron campañas de concientización que apuntaron también contra la poligamia (un derecho exclusivo de los varones), la prostitución y los matrimonios forzosos.

El nuevo gobierno declaró legal el divorcio y permitió a la mujer obtenerlo sin el consentimiento del marido. Además las viudas se constituyeron en legítimas herederas con iguales derechos que hijos e hijas, legítimas o naturales, así como también se garantizó el derecho a obtener créditos y acceder a ser dueñas de la tierra. Un punto destacable fue la creación de un fondo para las amas de casa sin un trabajo formal que consistía en otorgarles entre un tercio y la mitad del salario de su marido para así comenzar a garantizar una relativa independencia económica y reconocer al trabajo doméstico como tal. De todas formas esta medida fue muy difícil de aplicar debido al rechazo de los hombres.

Ecologismo

La protección del medioambiente devino política de Estado y fue abordada de manera profunda y revolucionaria. En los primeros 15 meses de la revolución se sembraron 10 millones de árboles en todo el territorio burkinabé pero, sobre todo, en el norte donde el desierto avanzaba. La deforestación producida en esa región se daba, en gran medida, por la tala indiscriminada para usar la madera como combustible.

Un país pobre como Burkina Faso carecía de infraestructura y gas natural para calefaccionar los hogares y cocinar. Consciente de esta situación Sankara impulsó una nueva organización y planificación de la producción y comercio de leña. Para poder talar y vender se debía tener un carnet expedido por el Estado y se debían respetar las zonas destinadas a esta práctica. Asimismo regía la obligación de reforestar los territorios afectados. En la misma línea se trabajó en un amplio programa pedagógico desde la primera infancia. En las escuelas se plantaban árboles y se desarrollaban viveros para que niños y niñas aprendieran a cuidar la vegetación. Además se apuntó a un plan de construcción de hornillos económicos de fabricación casera que consumían menos madera.

Pero además Sankara tenía muy claro que el deterioro del medioambiente que afectaba a los países periféricos no era culpa del accionar de sus pueblos. Es por eso que en la mencionada conferencia de París de 1986 propuso que se destinara “el 1% de las colosales sumas de dinero que se sacrifican en la búsqueda de la cohabitación con otros astros para financiar de forma compensatoria proyectos de lucha para salvar los árboles y la vida”.

He venido ante ustedes para denunciar al hombre cuyo egoísmo es causa de la desgracia de su prójimo. El pillaje colonialista ha diezmado nuestros bosques sin la menor idea de reemplazarlos para nuestro porvenir”

Thomas Sankara, París, 5 de febrero de 1986

Además  tuvo importantísimas políticas sociales en diferentes aspectos. Hacia lo interno generó programas de alimentación para prevenir la hambruna desarrollando una autosuficiencia agraria y, en consecuencia, una reforma sobre la posesión de las tierras que posibilitó duplicar la producción de trigo. Asimismo, le dio prioridad a la educación a través de una campaña nacional de alfabetización, al tiempo que promovió la salud pública con la vacunación de 2,5 millones de niños contra la meningitis, fiebre amarilla y el sarampión. Suspendió los impuestos rurales y las rentas nacionales, al tiempo que estableció un ambicioso programa de construcción de ferrocarriles y carreteras de alcance nacional.

Pese a que no hubo muchos recuerdos ni homenajes en la semana,  algunos periodistas  reivindicaron al gran líder africano en las redes y lo hicieron de una excelente manera, tal es el caso del hilo  de @SantiMayor en Twitter .