Y la nueva política, ¿cuando nace?

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Hace muchos años que se viene anunciando desde distintos lugares la inminente llegada de la nueva política a nuestro país. Se puede arrancar desde distintos momentos históricos, pero en este caso elegiremos el “Que se vayan todos” a comienzos del siglo. Allí, una terrible crisis social, económica e institucional despertó la organización popular, la cual dormía, hacía rato, bajo los cantos de sirena del neoliberalismo. Asambleas populares, piquetes como genuina forma de protesta, manifestaciones en las calles con diversidad de clases sociales y un fuerte repudio a los Partidos Políticos tradicionales.

El llamado “argentinazo” se llevó puesto a De la Rúa y en 2003 evitó que el candidato del Partido Justicialista Carlos Menem, sea Presidente nuevamente. Con caudal histórico de votos en blanco, apareció Néstor Kirchner como el ganador de una elección con un grado de entusiasmo tan bajo como pocas veces se vio en la historia del país.

La vuelta a la mística setentista, discurso anti yanqui y progresista; y un carisma único que de a poco volvió a atraer a los jóvenes a la política, el kirchnerismo se convirtió en un fenómeno que perdurará durante mucho tiempo.

No es momento de hacer un análisis del gobierno de Néstor, queda para otra nota, pero por distintas circunstancias  terminó recostándose en lo más tradicional del peronismo, permitió el reciclado de viejos dirigentes que siempre han ido para donde sopla el viento, y la mayoría de los políticos a los que el pueblo había pedido su retirada, volvieron a acomodarse.

Con la llegada del macrismo a la nación, hubo otra vertiente que aseguraba que ahora si era inevitable el momento de una nueva política. Un offsider que tenía popularidad en los sectores más humildes gracias a Boca Juniors, llegaba por fuera de los dos Partidos históricos del país, e imponía un nuevo sello: PRO. Luego de intentar vagamente sostenerse sin el respaldo de estructuras tradicionales, terminó pidiendo a gritos ayuda al PJ y a la UCR. Y a pesar de un comienzo donde sus modernas forma de comunicación causaron sensación y lograron dejar a tras la liturgia tradicional en las campañas y la forma de llegar a los vecinos, finalmente cansaron con la repetición de recursos y la crisis económica primó ante el relato duranbarbista.

Si bien tanto el macrismo y el kirchnerismo coincidieron siempre en el discurso bajado desde los máximos referentes, en cuanto a dejar atrás a las estructuras clientelares que históricamente se sostuvieron jugando con las necesidades de los más humildes, ninguno de los dos gobiernos hizo lo suficiente para terminar con esas prácticas nefastas. El kirchnerismo creyó que con cifras incalculables de recursos a los líderes de los movimientos sociales, ellos dejarían esas prácticas para finalmente pasar a una etapa superior, y que esos capital sería utilizado para organizar los barrios, generando formación, conciencia social y política, pero nada de eso pasó.

Y el macrismo, en contra de lo que muchos pensaban, para evitar tener movilización todos los días y obtener gobernabilidad, terminó siendo más clientelar que su predecesor,  y compró tranquilidad a varios dirigentes sociales que se sacaban fotos recorriendo barrios con sus funcionarios.

Lo expuesto hasta aquí es en términos generales, claro que el surgimiento de una nueva forma de hacer política no se reduce solo a las acciones o decisiones de los gobiernos, aunque si son fundamentales. Para analizar porque no termina de nacer lo nuevo, no se puede soslayar el rol de la generación que empezó a militar alrededor del  2001, y la que  hizo lo propio con el kirchnerismo en el poder. Son  otro factor claves en este tema.

Las organizaciones políticas y sociales que representan a estos sectores  son claves para entender porque aún se sigue esperando  lo nuevo. Por distintos motivos, unas y otras, decidieron seguir reproduciendo o avalando las mismas lógicas que las organizaciones de los 90.  Y de esta manera  les dan mucho aire a los dirigentes que solo piensan en la manera de mantenerse en el negocio de la política, con gente que les responda cuando movilicen, con mano de obra para sus actividades bajadas sin ningún tipo de discusión en los barrios, y lo fundamental, con trabajadores a los que le sacan el diezmo para financiar sus carreras políticas.

 

¿De dónde llegará lo nuevo?

Descarto que de un Partido político como el PRO o la Alianza Cambiemos pueda emerger algo nuevo. La nueva política solo puede nacer y asentarse desde un movimiento popular, incluyo en esa categoría al peronismo, radicalismo y la izquierda. Aun cuando está claro que no serán los Partidos Políticos de esas fuerzas  las que motorizarán ese cambio, los movimientos mencionados poseen por fuera de las estructuras un caudal capaz de lograrlo, solo falta mayor determinación e inventiva.

Pero mientras sigan teniendo incidencia los Duhalde, Moyano, Morales, Sanz, Pitrola o Altamira; será difícil. Si se sigue alimentando y avalando a los Pérsico, Navarro y otros dirigentes sociales que trabajan en el negocio de la política, nunca podrá terminar de nacer nada nuevo. De esta forma las ganas de unos cuantos que se metieron para transformar se irán apagando, y otros mutarán a una cepa negativa, y tal como ya  sucede, reproducirán frases de hace 80 años para justificar los negociados, las alianzas y el destrato a los sectores más vulnerables.

  • En tiempos de pandemia lo nuevo no parece nacer,  sigue detenido por las fuerzas conservadoras que son más inteligentes para moverse en todos los ámbitos, y con la capacidad del camaleón para disfrazarse de lo que los tiempos pidan. Por lo tanto, la política sigue por el mismo caudal y nada parece indicar que en el corto plazo esto se modifique. Pero por suerte aún hay esperanza, y se sostiene en algunas excepciones que continúan su lucha casi en soledad.

One Comment

  1. Los punteros políticos ahora se llaman dirigentes sociales eso es lo único que cambio, ojalá de verdad algún día se pueda cambiar,

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